Consideraciones a la hora de regar las macetas

Consejos para regar macetas

Autor: Gabriel Ruiz

Este artículo seguramente debió publicarse mucho antes, pues el riego es uno de los factores determinantes para un buen crecimiento (incluso supervivencia) de la planta, sobre todo para  quienes tenemos nuestra “huerta ecológica” en balcones, donde a veces por el diseño del edificio no reciben el agua de lluvia y más aún en cultivos en macetas donde la exigencia de agua es mayor.  Una primera explicación sobre cómo regar, cuándo, qué cantidad y que variables influyen para responder estas preguntas. Aquí, le presentamos algunas consideraciones a la hora de regar las macetas.

El riego

En la mayoría de las regiones, las aguas de lluvia son insuficientes para las exigencias  de nuestras plantas, por lo que surge la necesidad de realizar el riego, dado que esta carencia limita el desarrollo de la planta: su crecimiento es menor, algunas de sus hojas se secan, otras se endurecen y se dobla, etc.

Estos cambios aparecen si la falta de riego es reiterada, es diferente al caso de las plantas, sobre todo cuando son jóvenes, que los días de mucho calor aparecen como chupadas, pero luego vuelven a la normalidad al recibir agua. Si bien lo ideal es mantener la tierra húmeda en todo momento, esto no implica que un descuido de un día sea irrecuperable.

Además de lo que llaman estrés hídrico, generado por la falta de agua, el otro inconveniente es que si no se logra mantener su humedad, la tierra se va endureciendo, por lo que pueden pasar dos cosas: la tierra se compacta, separándose de los costados de la maceta, o puede agrietarse. De cualquiera de las dos maneras, lo que sucederá es que cuando regemos el agua salga por estos espacios y se pierda, no sólo desperdiciando agua, sino sobre todo no alimentando a la planta. Esto es acumulativo, por lo que lo mejor es cortar por lo sano y romper la tierra (con una palita bien filosa, intentando proteger las raíces) o ir realizando un trabajo muy lento y largo e ir irrigando con un rociador.

Si bien, como acabamos de exponer, la falta de agua lesiona a nuestros cultivos, también lo hace el exceso.

El principal problema es que al darle mucho más líquido del que necesita (como suele suceder), esta se escurre por el drenaje, arrastrando a los nutrientes de la tierra.

Por otro lado, si el drenaje no es bueno, el agua queda entre la tierra y las raíces sufren la falta de oxígeno y se pudren.

Además, el exceso de humedad puede generar la aparición de enfermedades, hongos, etc., o puede impedir el crecimiento de las plantas (por ejemplo complicando la polinización)

Cuándo y cuánto regar

Entonces, queda claro que es tan peligrosa la falta como la superabundancia de agua. En alguna nota leí una frase que clarifica esto: “en el riego, a diferencia de la mayoría de los ámbitos de la vida, es mejor quedarse corto que pasarse”.

La cosa no es regar todo el tiempo porque hace calor, ni necesariamente hacerlo todas las noches.  Lo importante es lograr un nivel óptimo y continuo de humedad en la tierra.

Lo más aconsejable es tocar la tierra o enterrar los dedos para darse cuenta. Sin embargo, hay algunas variables que influyen y deberían tenerse en cuenta:

Estación. Las necesidades de agua de nuestras plantas dependerán en gran medida de la época del año en que nos encontremos: en el verano, suele ser necesario hacerlo diariamente (el calor y otros factores hacen que haya mucha más evaporación), mientras que en el invierno este podría llegar a ser cada cuatro o cinco días (en tierra, una vez por semana o incluso más tiempo, hay que recordar que en maceta siempre se requiere más agua).

Clima. Además de la temperatura, que suele estar en relación a la estación que transitamos, hay otros aspectos meteorológicos que deben analizarse, como por ejemplo el viento, el cual suele secar la tierra (sobre todo en el verano, cuando sopla caliente).

Conozco lugares donde, si bien suelen regar hasta dos veces por día, igual la tierra está dura y seca, se quiebra, por el fuerte viento de la zona.

En casa, en el mismo balcón, las plantas que están colgadas de la reja, al estar a mayor altura y menos resguardadas del viento, se secan más que el resto.

Especies de plantas. Cada cultivo tiene una necesidad específica de agua y humedad de la tierra. Por ejemplo, la lechuga requiere riegos frecuentes, mientras que del ajo se llega a decir que no requiere que se le eche agua.

Además, en una misma planta, hay que ver la madurez de la misma, pues cuando son jóvenes o queremos germinar una semilla se requieren más riegos que cuando ya es adulta.

Composición de la tierra. Hay que tener en cuenta que cada sustrato tiene una capacidad de almacenar agua y retener humedad diferente. Por ejemplo, el compost (que funciona igual que el mantillohttp://huertaenjaulada.blogspot.com/search/label/abonos) logra retener bastante agua. Lo mismo sucede con sustratos arenosos o arcillosos.

La respuesta por cuándo regar, también debería incluir el momento del día en el cual hacerlo. Lo adecuado es evitar las horas de más calor no sólo porque se produce mucha evaporación, sino sobre todo porque puede lesionar la planta -la gota funciona como una lupa y quema la planta, como ya nos enseñaban en la escuela-, por lo que lo recomendable es hacerlo  a  primera hora de la mañana o al atardecer (incluso a la noche).

A mí me resulta más fácil por mis horarios regar en cuanto baja el sol, pero en algún momento lo hice por la mañana y me funcionó muy bien. Hay momentos del verano donde se deben hacer ambos.

Método de riego y ahorro de agua.

Por último, sería importante tener a mano algunos recursos para ahorrar agua, como puede ser el uso del acolchado; el agrupamiento de plantas para crear cierto microclima (podemos ver como si juntamos varias macetas el aire que las rodeas es un poco distinto y se siente más humedad en el ambiente) o simplemente poner un plato u otro recipiente bajo la maceta para luego recoger el exceso de agua (otra manera es regar una planta que esté colgada sobre otra para no desperdiciar el agua que cae, pero la altura no debe ser mucha pues sino lastimaría a la planta y a la tierra).

Otro factor para no desperdiciar agua está en el sistema de riego que utilicemos. Generalmente utilizamos el riego manual, pero existen otros métodos mecánicos que permiten el ahorro del agua.

El primero es que suele usarse en todas las casas, simplemente cargamos un recipiente (una botella, una jarra, una pava, etc.) y le echamos agua a las macetas en forma directa.

Para este sistema, hay algunas consideraciones que podrían ser útiles, como por ejemplo la utilización de una regadera (o algún elemento casero qué funcione de igual manera, como puede ser agujerear la tapa de una botella y regar con eso) para que el agua caiga en forma de lluvia y sin violencia. En mi caso, incluso a veces riego con un rociador o vaporizador (ese que se usa para el pelo o para planchar la ropa). Además, por la misma razón, lo más conveniente es hacerlo lo más cercano posible (muchas veces por no inclinarse, se arroja agua de mucha altura y esto rompe la tierra, salpica agua (y nutrientes, etc.).

En lo que refiere a dónde regar, debemos evitar mojar las hojas, se riega alrededor de la planta.

Pero además del manual, existen diferentes sistemas mecánicos de riego, en algunos casos con mayor capacidad de ahorro de agua y mantenimiento de la humedad, además de otras ventajas. Obviamente, cada cual tiene sus pros y sus contras, por lo que lo ideal es encontrar la indicada para nuestra situación (disponibilidad de tiempo, recursos económicos, acceso al agua, etc.)

La idea es ir presentándolas con el tiempo; en la próxima entrega, el riego por goteo.

Fuente:

http://www.consumer.es/

http://www.planthogar.net/enciclopedia/documentos/3/consejos-sobre-plantas/328/el-riego-en-macetas.html

 

Related posts